domingo, 17 de junio de 2007

La mentira como reclamo

«La televisión donde nació el ‘Gran hermano’ quería sorprender con el último ‘realiy show' en el que una mujer con cáncer iba a decidie entre tres enfermos necesitados de trasplante».
José Luis Mota Garay
canarias7.es

El viernes ide junio, por la noche, la cadena de televisión holandesa BNN emitió el programa que tenía anunciado El gran show del donante, que había sido ampliamente contestado por críticos de televisión, políticos, y muchos medios de comunicación, del mismo país y del exterior. Todos indignados porque se jugase con los sentimientos y la angustia en un tema tan delicado, para los que están a la espera de un trasplante. La televisión donde nació el Gran hermano quería sorprender con el último reality show, en el que una mujer, con un cáncer en estado terminal, iba a decidirse entre tres enfermos necesitados de un trasplante, para cederle uno de sus riñones antes de su muerte. La elección se iba a apoyar en las circunstancias y simpatía de los concursantes, y se contaba con la colaboración del público por medio de llamadas o SMS. A pesar de que ya tienen acostumbrados a sus espectadores, la gente estaba sorprendida de que, una vez más, un medio de comunicación se prestase a transmitir las ansiedades y esperanzas de unas personas por satisfacer el morbo de espectadores que disfrutan viendo el dolor ajeno.

Hay un buen axioma en la ética de los trasplantes que dice: «Los órganos no se venden, se donan». En nuestro caso, el axioma se traduciría así: «Con los órganos ni se trafica ni se hacen concursos... si alguien quiere donarlos que lo haga en el momento oportuno, pero sin publicidad y sin jugar con las expectativas y los sinsabores del que los necesita».

Luego resultó que el presentador del programa El gran show del donante dijo: que Lisa, de 37 años la supuesta donante con tumor cerebral, era una actriz que representó su papel; aunque los concursantes, posibles receptores, sí eran realmente enfermos renales; y que todo había sido montado para motivar a los espectadores a convertirse en donantes. La gente se deja engañar: uno de los participantes estaba encantado porque durante el programa se habían recibido muchas llamadas de posibles donantes. El presentador de un telediario español planteó la cuestión: ¿El fin justifica los medios? La respuesta debe ser: ¡no!, porque se ha utilizado un medio injusto: tratar mal a las personas sin considerar su dignidad, aunque parezca que el resultado es bueno por parecer útil: conseguir donantes.

Pero el gran error de la TV holandesa, además de lo dicho sobre los reality show, es que mintió, aunque quisiera obtener donantes. Es difícil ser objetivo cuando se informa, porque la realidad puede observarse desde variados puntos de vista y, además, se puede meter nuestra subjetividad. Pero lo que no puede permitirse un medio de comunicación es engañar. Su obligación es atender el derecho de los espectadores a estar informados. La veracidad dentro de una empresa alimenta la confianza. La falsedad, la exageración o el engaño generan inseguridad. Lo mismo pasa en la sociedad, con los amigos hay que ser sinceros y si queremos que la gente que nos rodea siga confiando en nosotros nunca debemos mentir.

sábado, 16 de junio de 2007

Las etiquetas


No me había hecho muchas ilusiones sobre las virtudes literarias de aquella novela policíaca. En el fondo sólo aspiraba a descubrir al asesino antes que el astuto detective; pero tropecé con el escollo de la primera frase: "el comisario vestía un traje de seiscientos dólares".
(Enrique Monasterio
"Un safari en mi pasillo")

Francamente, no se me ocurre un recurso más pobre para explicar las características de una indumentaria; pero en la literatura norteamericana de consumo ya es costumbre describir el abrigo o los guantes de los personajes por el procedimiento de colgarles el precio. Ignoro si es un problema de falta de imaginación o de pereza intelectual.
Los escritores españoles aún no han caído en el mismo tópico, tal vez porque la humilde peseta resulta poco apta para descripciones literarias a largo y medio plazo. En todo caso entre nosotros el punto de referencia no es el dólar, sino la etiqueta.
En otros tiempos las etiquetas solían ocultarse en el forro de las prendas de vestir; sólo los horteras fumaban puros con la vitola al aire. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, los comerciantes han conseguido que los ciudadanos hagamos propaganda gratuita de sus productos. Es más, pagamos con gusto un suplemento con tal de que nos permitan desplegar en la solapa, en el bolsillo trasero del pantalón o en el parabrisas del coche, el logotipo y el nombre de su acreditada firma. No sé cómo hemos llegado a semejante estado de mentecatez colectiva, pero los consumidores soñamos con ser hombres anuncio de Lacoste, Ray-ban o Mercedes Benz. Es nuestra forma de decir que tenemos buen gusto, que somos ricos y que nos hemos gastado una pasta.
Hace años tuve que comprarme un automóvil. Imagino que para el común de los mortales no se trata de un acontecimiento insólito; pero para mí era una experiencia nueva y excitante. Un fogoso concesionario me explicó las ventajas del modelo que había elegido y a punto estaba de entregarme las llaves, cuando recordó que aún faltaba un pequeño detalle.
Entró en su despacho, sacó una pegatina de tamaño regular, y se dispuso a adherirla al cristal trasero del vehículo. Se afirmaba allí que el mío era coche del año en Europa y que combinaba la técnica y la belleza al servicio de no sé que.
—Supongo –le dije– que me harán descuento por llevar ese anuncio.
—Je, je…
—Hablo en serio: ¿no pretenderá usted que vaya por la vía pública haciéndole publicidad completamente gratis?
Mi interlocutor, convencido de que yo era bobo, se apresuró a explicarme lleno de paciencia que aquel letrero me "prestigiaba".
Le supliqué que me desprestigiase al instante.
A bordo de aquel coche –ya jubilado– llegué una mañana de enero al cole donde trabajo. Las niñas acababan de volver de las vacaciones de Navidad.
—A ver, Rebeca, ¿qué te han traído los reyes?
Para hablar con Rebeca –un insecto de cuatro o cinco años– tengo que doblar mi desvencijado espinazo.
—Un babour, una barbie, un burberry azul, unos Power Rangers…
Me enderecé abrumado. Para que luego digan que no ha progresado la enseñanza del inglés.
¿A dónde quiero ir a parar? Me ha venido a la memoria que estamos acabando un año internacional dedicado a luchar contra la pobreza. Y lo acabamos del peor modo posible. Ahora mismo, mientras escribo, cientos de miles de africanos caminan moribundos por la jungla, víctimas de la miseria, la enfermedad y el hambre. Carecen de todo, menos de armas: alguien, compasivo, se las proporciona para acelerar su muerte.
—Gracias a Dios –comentaban por la radio sin la menor ironía– que entre Zaire y Europa está el Desierto del Sahara. Si no, nos invadirían.
No me hagáis demasiado caso: seguramente hago demagogia. Lo importante es que en este año internacional se han pronunciado miles de conferencias sobre la miseria en el mundo. Es posible incluso que hayan creado un Master en Pobreza para ornato de currículos académicos. Y ¿quién no ha dado unos duros a Caritas o a su ONG preferida? Todo esto tranquiliza la conciencia una barbaridad. Y la vieja, rica, obesa y refinada Europa podrá preparar su Navidad oficiando, como todos los años, la inevitable orgía de los regalos, el pavo y el champán.
Frente a la tragedia del Zaire, el cuento de las etiquetas con que comencé estas líneas suena a broma de mal gusto. Pero, a todos los que piensan que no pueden hacer nada, me atrevo a sugerirles que este año de Maastriches y de convergencias hagamos al menos un pacífico e inofensivo boicot a esas etiquetas/banderín que tan caras resultan y nada dan a cambio. Ahorraremos lo suficiente para contribuir con más que calderilla al puchero, siempre agujereado, de los pobres.
No perderemos mucho: sufrirá nuestra vanidad, y espantaremos ese efluvio hortera de nuevos ricos que desprenden las etiquetas más distinguidas.

jueves, 10 de mayo de 2007

Los secretos ocultos de la industria del aborto

A menudo las personas pro-vida describen al proveedor de abortos como un cretino tramposo, sediento de dinero y mentiroso. Sin embargo, muchos de ellos no encajan bajo esta definición. Por ejemplo, el Dr. Anthony Levatino, de Albany, Nueva York, era un joven de apariencia respetable que llevaba ocho años practicando obstetricia y ginecología. Aunque nunca había recibido presión para hacerle practicar abortos, tampoco se le había ocurrido no hacerlos. No era algo que le gustara especialmente, pero como no tenía inconvenientes morales llevaba a cabo cientos de ellos. Pero no en un centro de abortos, sino en su oficina.

Otro abortista, el Dr. David Brewer, recuerda que cuando observó su primer aborto sintió una cierta convulsión. Según veía la materia ensangrentada bajar por el tubo de plástico y caer dentro del depósito, verificó que el aborto había sido completo. Poniendo el contenido sobre una toalla, el Dr. Brewer miró fríamente los llamados "tejidos" y pudo reconocer el pequeño omóplato con su bracito, algunas costillas y el pecho. También vio una pequeña cabecita, un pedazo de pierna y una mano diminuta.
"Fue como si me hubieran traspasado con un hierro ardiente", dijo el Dr. Brewer. Por aquel entonces el Dr. Brewer no era cristiano pero sí tenía conciencia y le molestaba. Sin embargo, hizo lo que muchos hacen con respecto a muchas cosas de la vida: nada. Cuando más adelante le llegó la hora de ejecutar su primer aborto, su corazón ya se había endurecido. Durante esos años practicó numerosos abortos salinos -provocando partos de lo que él llamaba "bebés como manzanas cocidas"- quemados y llagados por los efectos de las soluciones salinas. Pudo ver cómo algunos de esos bebés de cuatro y cinco meses luchaban y daban patadas durante algún tiempo antes de morir. Pero ya no le importaba.

El Dr. MacArthur Hill fue entrenado para ejecutar abortos en el ejército.
Este hombre de aspecto amable y simpático dijo ante el micrófono en una "Conferencia de Proveedores de Abortos": "Quiero proclamar que soy un asesino". Luego añadió: "Le he quitado la vida a bebés inocentes y los he arrancado de los úteros maternos con una potente bomba de vacío. Cuando eran demasiado grandes para poder usar este método, inyectaba una solución concentrada de sales en el saco amniótico para envenenarlos lenta y dolorosamente".

Al principio, practicar abortos durante el primer trimestre era fácil, porque el procedimiento es el mismo que se usa en el malparto, cuando los fetos están muertos y hay que sacarlos. Pero durante su segundo año como médico residente, Hill tuvo que hacer la rotación en patología y allí vaciar el contenido de los depósitos para buscar los miembros de los fetos destrozados entre una masa de tejidos humanos. Entre esos restos se identificaba claramente el cuerpo de un pequeño ser humano despedazado y mutilado; se sintió desasosegado pero continuó con los abortos. En algunos casos los bebés abortados eran mayores que los nacidos prematuramente que se hallaban en las incubadoras de la sala de cuidados intensivos.

El Dr. Hill comenzó a tener pesadillas. Una era frecuente: en ella atendía un parto normal y mostraba el bebé a un jurado de personas sin cara. Con los pulgares hacia arriba o hacia abajo indicarían lo que tendría que hacer con él. Los pulgares hacia abajo sería la señal para arrojarlo a un cubo lleno de agua. Nunca llego a arrojarlo porque siempre se despertaba en ese momento. Hill dejó de practicar abortos durante el segundo trimestre del embarazo, pero continuó practicándolos en el primero. Cuando comenzó su práctica privada continuó con los abortos con excepción de los que consideraba de simple elección privada; pero siempre encontraba una razón médica o alguna otra excusa.

Beverly MacMillan creía firmemente que toda mujer tenía "derecho" al aborto. Claro que ella no se dedicó al negocio de abortar sin saber lo que hacía. Cuando fue a estudiar a la universidad, decidió olvidar el cristianismo en que le habían educado.
Desde pequeña se había sentido atraída por la medicina, y escogió la ginecología y obstetricia como su especialidad.
En 1975 abrió la primera clínica de abortos en el Estado de Mississippi. La clínica "Servicios Sanitarios Familiares" estaba muy bien organizada. Inundada de trabajo, tuvo que formar a otros médicos para que la ayudaran en los abortos. A pesar de su éxito económico, McMillan comenzó a sufrir una fuerte depresión que la llevó a considerar el suicidio. Comenzó a leer el libro "El Poder del Pensamiento Positivo" del Dr. Norman Vincent Peale. Al final del capítulo primero había una lista de diez cosas que hacer para desarrollar una actitud positiva. Revisaba esa lista tranquilamente cuando llegó al número 7: "Afirmar diez veces al día que puedo hacerlo todo a través de Cristo que me da fuerzas". Durante diez días llevó consigo el libro a todas partes y finalmente una mañana en su automóvil se dijo a sí misma: "Muy bien, lo diré: Todo lo puedo a través de Cristoque me sostiene".
De repente se dio cuenta que no estaba sola en el automóvil. Comenzó a llorar y se sintió llena de gozo. Sin embargo, todavía pasaría algún tiempo antes de que abandonara la práctica de los abortos.

Otro caso fue Carol Everett, una feminista. Después de abortar ella misma, se metió en el negocio del aborto asociada a su antiguo jefe, que había establecido cuatro clínicas propias. Con los beneficios obtenidos, abrió varias clínicas para recibir clientes en Texas, Oklahoma y Louisiana. Tras incrementar los ingresos de sus socio extraordinariamente, Everett abrió su propia clínica y poco después la segunda. Sus clínicas llegaron a practicar hasta 500 abortos al mes. Su cambio radical se debió a un encuentro providencial. Su amistad con el hombre que limpiaba ventanas en su clínica de abortos, la llevó a entender que tenía que informar a otros de lo que sabía sobre el aborto desde el interior de esa industria.

Otra mujer de Texas que declaró sus experiencias con el aborto -la personal y la profesional- fue Nita Whitten. Feminista liberal, Whitten trabajaba como secretaria, asistente y contable del conocido abortador, Curtis Boyd. Whitten afirma que los que abortan, solo lo hacen por el dinero. Dicho doctor trajo a su firma un director de publicidad para entrenar a sus empleados en cómo vender abortos por teléfono. Nita se dio cuenta que su perspectiva ante la vida había comenzado a cambiar, desde el momento en que comenzó a trabajar en esa clínica. No le podía decir a su familia lo que estaba haciendo, porque se escandalizarían. Llegó a caer en una depresión, se volvió adicta a las drogas y pensó suicidarse. Gracias al amor y a las oraciones de alguien que trabajaba con ella, Whitten tuvo una conversión total y dejó definitivamente la industria del aborto.

Otras mujeres que habían trabajado en clínicas de aborto también contaron sus casos. Kathy Sparks, solía trabajar para un conocido abortador, el Dr. Héctor Zevallos.
Trabajaba en todos los aspectos de la clínica: en la llamada "orientación", ayudando en los exámenes médicos y en los abortos y en la sala de recuperación, donde las jóvenes a menudo tenían que sentarse en el suelo porque había tantos abortos que faltaban camas y sillones reclinables. Llegó a tal extremo de insensibilidad que ya ni le preocupaba tener que poner los cuerpos de los bebés en vasijas y mandarlas al laboratorio de patología. Algunas veces revolvía estos restos humanos para ver los pedazos flotar en la superficie. Aunque aparentemente no se sentía afectada, su vida privada se desmoronaba. Su matrimonio se deshacía, consumía drogas y su madre no quería tratarla. Un día fue a tomar el revolver de su marido, que era policía, para suicidarse. Al final no apretó el gatillo.

Debbie Henry trabajaba para un médico de abortos en Livonia, Michigan. Llevaba a cabo procedimientos médicos de rutina como exámenes, análisis de sangre, pruebas de embarazo, y ayudaba a convencer a las mujeres de que era más barato y más conveniente abortar que tener un bebé. Nunca informaba sobre alternativas al aborto. Los defensores pro-vida paseaban con regularidad frente a la clínica. Debbie los consideraba ridículos, yendo de un lado a otro con sus pancartas. Cuando salía para tomar su automóvil ni siquiera los miraba. Miraba hacia abajo, temerosa de que alguien le dijera algo. Pero con el tiempo se dio cuenta que aquella gente era muy amable. Una de los que protestaba, Lynn Mills, la invitó una vez a conversar con ella en un restaurante de la localidad. Después de una larga conversación, Debbie llegó a reconocer que el aborto estaba mal y le hacía daño a las mujeres, además de quitarle la vida a bebés inocentes. Acabaron siendo excelentes amigas durante años.

Lo mismo ocurrió con Joan Appleton, que era la principal enfermera en una clínica de abortos en Virginia. Debra Braun, una activista pro vida muy persistente la convenció para que dejara ese horrible trabajo. Joan, que se había estado involucrada en las actividades de NOW (Asociación Nacional de Mujeres), en Virginia, anunció durante su discurso frente a la convención estatal anual de esa organización que en el futuro no podría continuar participando en una organización que promovía el aborto. Inmediatamente se le pidió que abandonara la convención. Debra Braun y Joan Appleton ahora trabajan juntas en "Ministerios de Acción Pro vida" de St. Paul, MN.

Joy Davis Trabajaba como asistenta del Dr. Tommy Tucker, en su clínica de abortos en Alabama. Se dio cuenta que trabajar en una clínica de abortos le daba cierto prestigio que no había encontrado en otros empleos. Aunque no tenía la preparación para ejercer un empleo regular en un establecimiento médico, el Dr. Tucker la entrenó para hacer abortos.
Llegó a tener experiencia y hacerlos mejor que el médico, quien habitualmente terminaba con complicaciones. Un día el doctor cometió un error fatal y la mujer que abortaba murió de una hemorragia en su clínica después de abortar. La consiguiente depresión que le produjo, la hizo llamar a uno de los consultores pro vida que ya había visto con anterioridad marchando por la acera semana tras semana. Todos juntos se unieron a ella en oración y la ayudaron a encontrar consuelo en Cristo Jesús. Hoy día Joy colabora con otros ex-abortadores y ayuda a mujeres que han tenido abortos.

Helen Pendley era la directora de una clínica en Atlanta. Admite que antes miraba a los pacientes no como mujeres sino que las contabilizaba en dólares. Cuando su prometido le anunció que se había convertido al cristianismo, pensó que se había vuelto loco y se fue a ver al pastor de su prometido para advertirle que ella trabajaba en una clínica de abortos. El pastor, la trató con delicadeza y la invitó a que compartiera su situación con él. Fue el comienzo del fin de su implicación en el engranaje del aborto.

Luhra Tivis era una asistente en la conocida clínica de abortos del Dr. Tiller en Wichita, KS. Pronto se dio cuenta de que Tiller tenía la costumbre de falsificar los resultados de los ultrasonidos y las pruebas de embarazo, para practicar abortos en el último trimestre del feto. Además se horrorizaba de ver lo mal que trataban a las mujeres. Un día después de ayudar a Tiller a llevar al incinerador los despojos del día, Luhra no quiso aguantar más su trabajo. Informó de los embustes a las autoridades, pero éstas no intervinieron. Los voluntarios pro vida sí la hicieron caso y le pidieron que les detallara todo lo que había observado en la clínica de Tiller.
Su contacto con los voluntarios pro vida en Kansas influyeron en su conversión total y en su determinación de trabajar contra el aborto.

Dina Madsen era oficinista en una clínica de abortos en Sacramento, CA. Le molestaba tener que enfrentarse a los voluntarios pro vida en la calle. "Me condenaban por mi pecado", decía. Eventualmente tuvo que tomar una decisión. Dejó su trabajo y se hizo cristiana.

Mern Loehner era una feminista que había ayudado a la fundación de una sucursal de la asociación NOW en La Florida. Había tenido un aborto y más adelante perdió un hijo. Su vida era un enredo completo, pero conoció a una buena señora pro vida en una de las reuniones de NOW, que rezó por ella y la ayudó a tener confianza en Dios.

Todos los que practicaron colaboraron en abortos y se convirtieron en voluntarios pro vida, han tenido historias similares. En casi todos los casos el abortador fue atendido por algún voluntario pro vida que se interesó por él, mostrándole el valor de la vida y el perdón de Dios.

La Liga de Acción Pro vida (Pro-Life Action League) continuará invitando a los ex-proveedores de abortos a dar fe de sus experiencias personales con el aborto. Cada historia es en parte diferente y a la vez algo similar.
Seguiremos aprendiendo cómo tender la mano a los que se hallan atrapados por el aborto y los invitamos a que se unan a nosotros.

(Nota: Este texto es una traducción del artículo "Former Abortion Providers Reveal Industry Secrets", publicado en Pro-Life Action Newsen abril de 1996).

lunes, 7 de mayo de 2007

La extraña política del Ministerio de Sanidad en torno al aborto y los jóvenes

El ministerio de Sanidad ha elaborado un informe “La interrupción voluntaria del embarazo y los métodos anticonceptivos en jóvenes”, que deberá ser estudiado con detenimiento básicamente por dos razones: porque, aunque no lo quiera, es un excelente compendio de la peligrosa ideología de quienes nos gobiernan, y también porque constituye un ejemplo de manipulación de datos, impropio de una administración pública.

No deja de ser una tremenda paradoja que los criterios que sirven para prevenir el consumo de alcohol, las drogas, los accidentes de tráfico o una alimentación inadecuada, no se apliquen cuando se trata de problemas relacionados con la relación sexual, especialmente cuando ésta se realiza en edades muy jóvenes.

Mientras que en aquellos casos, la prevención es el fundamento de la política, aquí ocupa un lugar marginal. A los adolescentes y jóvenes menores de 16 años, no se les permite beber ni un átomo de alcohol, se les disuade de probar, ni tan solo a titulo experimental, ningún tipo de droga. No se les deja conducir hasta los 18 años, e incluso, se llevan a cabo programas coercitivos en determinadas escuelas para que coman lo que han de comer y no otra cosa.

Se considera, en definitiva, dos cosas: se ha de tener una determinada edad para poder desarrollar un determinado tipo de actividad, beber alcohol: 16 años, conducir: 18, y al mismo tiempo se les presiona para que no hagan otro tipo de cosas, comer una hamburguesa gigante, por ejemplo, a pesar del placer que les puede reportar.

Nada de todo ello rige para las relaciones sexuales. El Ministerio acepta con entusiasmo que cada vez llegue más pronto, incluso por debajo de los 14 años, y de lo único que sabe quejarse es de que las niñas no tengan suficiente “capacidad de negociación” con su compañero para obligarle a ponerse el preservativo, como si el impulso sexual a esta edad y con su madurez dejara espacio para muchísimas disquisiciones.

El Ministerio acepta encantado que a pesar de ser España el país de Europa donde los adolescentes utilizan en mayor medida el preservativo, el aborto entre las menores de 20 años se haya triplicado en la última década y ello, a pesar de estar repartiendo gratuitamente más de medio millón al año de píldoras abortivas del día después. Al tiempo que crecen los embarazos, también lo hacen las enfermedades de propagación sexual, sin que aquel elevado uso del preservativo de lugar a resultados satisfactorios.

Es una tremenda ceguera la que encierra todo esto y una gran irresponsabilidad de quienes nos gobiernan, empezando por la Ministra de Sanidad, Elena Salgado. Cuando el futuro de este país es absolutamente negro, crítico por la crisis profundísima de natalidad, y cuando el aborto ya significa el 20% de los nacimientos, con una tasa que se duplica cada poco más de diez años, siguiendo una tendencia contraria al resto de países occidentales, nuestras autoridades siguen celebrando que nuestros jóvenes se eduquen en el “aquí te pillo aquí te mato”, eso sí “pónselo póntelo

domingo, 6 de mayo de 2007

Eduardo Verástegui: valientes y comprometidas declaraciones en contra del aborto


"La legalización del aborto es un holocausto terrible, en el que están desapareciendo "legalmente" millones de inocentes"."Yo te digo, como Teresa de Calcuta, que los bebés que no quieran, te lo juro, que me los den a mí"."El valor del ser humano, de la vida, no está en que seas guapo o listo, o retrasado y cojo… ¿Quién limita dónde empieza o acaba el ser humano?".

El dice que siempre anduvo tras el éxito, pero la verdad es que el éxito siempre anduvo tras él. Desde que Eduardo Verástegui dejara atrás su ciudad de Xicotencatl, en Tamaulipas, a los dieciocho años, este apuesto hombre desarrolló una multifacética e internacional carrera como modelo, cantante y actor, convirtiéndose en uno de los rostros más representativos del "entertainment business" latino. Cuando sintió que había llegado el momento oportuno, comenzó a escalar la cima más alta con la que sueñan la mayoría de los actores: la conquista de Hollywood.
Nada le hacía sospechar cuando abandonó Miami para instalarse en Los Ángeles que su alma inquieta iba a llevarle por otros caminos más allá de las peligrosas distracciones de la fama. Poco después de sus primeros coqueteos con la gran pantalla, después de doce años de una frenética carrera profesional construida con mucha dedicación y esfuerzo, comenzó a sentirse terriblemente sólo, vacío, sin ilusiones. Así que decidió cerrar sus increíbles ojos verdes a ese mundo de fama que durante tanto tiempo le había deslumbrado y miró hacia adentro. De una conversación acerca de lo que allí vio, surgió esta íntima y sincera entrevista.

Al borde del océano Pacífico, en un descanso de su imparable promoción en los Estados Unidos de su premiada película "Bella", conversó con ¡HOLA! En exclusiva mientras posaba para nosotros en un precioso atardecer junto al Pacífico.

Tu película "Bella", en la que eres protagonista y productor, ha ganado recientemente el People Choice Award, el premio más importante del Festival Internacional de Cine de Toronto, galardón que han recibido otras películas antes de ganar el Oscar, como "Life Is Beautiful", "Hotel Rwanda", "American Beauty"… Por no hablar del importante Smithsonian Legacy Award recibido por el director, también mexicano y socio tuyo, Alejandro Gómez Monteverde, en la Casa Blanca… ¿Esperabas todo esto cuando comenzaste la aventura de producir esta película?

Para nada, ha sido impresionante… Aún no me lo creo.

¿Cómo conseguiste involucrar a alguien como Steve McEveety, el productor de "Braveheart" y "The Passion" como productor ejecutivo de tu película?

Uno de los cuatro socios que conforman mi productora, Sean Wolfington, le conocía y le llamó para pedirle consejo. Cuando Steve vio la película terminada se emocionó y dijo que quería ser parte del proyecto. Fue un auténtico milagro porque él puso en nuestras manos todo el plan de "marketing" que desarrolló con "The Passion", cuando todos los grandes estudios de Hollywood le cerraron las puertas.

¿Habrá un antes y un después en tu carrera tras el estreno en agosto de esta película?

Sí… Profesionalmente, puedo decir que "Bella" es de lo único que puedo sentirme orgulloso en toda mi carrera. De hecho, cuento mi carrera a partir de ahora. Es la primera vez que siento que hice algo honesto con ella.

Has estado cuatro años prácticamente retirado y ahora apareces con esto… ¿Qué ha sido de ti todo este tiempo?

Llevo cuatro años inmerso en la creación de esta película… No me sentía nada contento de a dónde iba dirigida mi carrera. Por mis características físicas estaba totalmente estereotipado. Como actor, nunca tienes ni voz ni voto en el contenido de las películas, te limitas a esperar que suene el teléfono y es difícil, mucho más para decir: "¡Ah!, pues este papel no me gusta" o "el argumento no casa con mis principios morales"… Imagínate –dice, suspirando, con esa sonrisa que roba sin remedio el corazón de sus miles de fans–. Yo empecé a trabajar a los dieciocho años… Era muy joven, muy inmaduro, me desenvolví en un ambiente totalmente superficial. Sí, es cierto que me atraía este trabajo por amor al arte, pero era un amor muy egoísta, muy vanidoso… Empecé a hacer cosas como modelo, cantaba en el grupo Kairo, luego hice varias telenovelas como actor, después me lancé como cantante solista… En fin, este medio te seduce, es muy atractivo. Pero con el tiempo, me di cuenta de que no es oro todo lo que reluce. Después de doce años de tratar de encontrar la felicidad persiguiendo unos sueños que crees que van a dártela, después de hacer mi primera película "Chasing papi"…, me sentí totalmente vacío. Ahí empecé a cuestionarme mi vida… Empecé a preocuparme y a preguntarme si realmente estaba invirtiendo mi tiempo en cosas que realmente me importaban. Siempre me fijé en el tipo de papeles en los que ubican a los latinos en Hollywood, solemos ser "el malo" de la película, los bandidos, los traficantes, los ilegales…, los malos… Y si tienes mucha suerte, el "latin lover", el donjuán, que aboga por el concepto machista del hombre que se resume en dos palabras: el mujeriego mentiroso. Y ahí iban dirigidos mis pasos, por ahí venía yo –y lo confiesa con humildad–: en mi carrera y en mi vida profesional. Anduve persiguiendo eso durante muchos años, era mi meta, mi verdad, lo que en la sociedad se ve como lo "cool", en definitiva, lo que yo pensaba que me traería la felicidad…

Pero ocurrió lo contrario…

Me sentía muy inquieto, muy insatisfecho. Con todo lo que hacía, nada, absolutamente nada me llenaba… Y yo pensaba: "¿Qué me falta? Seguro que cuando haga este proyecto voy a sentirme bien", pero tampoco. Terminaba mi siguiente trabajo y me sentía totalmente vacío. Entonces me ilusionaba con alguna mujer, qué tal si ando con fulanita o menganita, pero toda mi vida soñé con casarme y tener hijos, mientras salía con un tipo de mujeres que yo sabía que por ahí nunca iba a encontrar a mi esposa… Así que llegó un punto en el que me invadió el vacío.

¿Y qué te hizo salir de allí?

En mi búsqueda por saber qué había más allá de todo este vacío, empecé a cuestionarme las grandes preguntas que todo el mundo se hace alguna vez en la vida: "¿Qué hago en este Universo?, ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿qué sentido tiene todo esto?"… Y en esta búsqueda empecé a frecuentar otro tipo de gente, otro tipo de ambiente… Verás –dice con simpatía, después de hacer una breve pausa–. Antes yo no tomaba nada en serio. Siempre he sido el rebelde de mi familia. En casa soy el mayor, tengo tres hermanas más pequeñas que yo. Mis padres son gente sencilla, con unos valores morales increíbles, con mucha vida espiritual… Sufrieron bastante cuando dejé mis estudios y casi a escondidas me fui de casa para perseguir mis sueños en el mundo artístico. Les di muchos disgustos. Hasta que un día mi madre se hartó y dijo: "Lo que le digo a este hijo mío, le entra por un oído y le sale por el otro. Donde no he llegado yo con mis palabras y mis consejos, las oraciones que voy a dedicarle toda mi vida terminarán tocando tarde o temprano su corazón". Y se dedicó a rezar por mí. Así que creo que las oraciones de mi madre han tenido mucho que ver en todo esto… –dice riendo–. Ya sabes lo que se dice: "No hay nada más poderoso que las oraciones de una madre por sus hijos". Después de ver mi caso, estoy convencido de ello. Todo el cambio que he experimentado en mi vida, las personas nuevas que se me acercaron en mi crisis, no me cabe duda que han sido fruto de las oraciones de mi madre.

Bueno, tampoco sería tan desastrosa tu vida…

Desde donde la veo ahora, creo que sí lo era. Yo me preguntaba: "Con todas las posibilidades fantásticas que me ha ido brindando la vida, ¿he hecho algo bueno, algo digno, algo honesto? ¿Estoy sirviendo para algo?". Me di cuenta que había sido un egoísta. Que las cosas que me habían hecho avanzar como un ciego eran la vanidad y la soberbia. Vivía en una contradicción constante: quería hacer cosas buenas y no las estaba haciendo… Quería hacer algo que tuviera significado para mí o para los demás y no lo estaba haciendo. También pensaba: "Si yo siempre he soñado con casarme algún día y tener una familia numerosa… ¿qué voy a encontrarme en este ambiente en el que me muevo que merezca la pena?".

Se aprende de los errores.

No cabe duda. La vida es una experiencia. Cuando uno no sabe lo que quiere, terminas en cualquier lado. Es muy peligroso. Cuando no sabes dónde vas, acabas en cualquier lugar, accidentalmente, influenciado por un amigo equivocado, un ciego que sigue a otro ciego, y luego dices: "¿Cómo terminé haciendo esto o aquello?, ¿pero qué me trajo hasta aquí si esto no soy yo?".

Y después de ordenar tus prioridades…

Después de ordenar mis prioridades, volví los ojos a mi carrera. Y sentí vergüenza. Sentí que con el mensaje que había estado lanzando con mi trabajo había ofendido al mundo latino. Entonces me hice algunas promesas, pero estas dos son las más importantes: la primera, no volvería a hacer nada que contradijese mis principios morales, y la segunda, nada que malrepresentara a mi gente, a los latinos, ni en el cine, ni en la televisión ni en ningún medio. Somos cincuenta millones de latinos en este país, la mayoría mexicanos, donde casi todos tienen familias maravillosas, son honrados, son trabajadores, tienen unos valores fantásticos… Y todo eso, desafortunadamente, no lo vemos reflejado en las pantallas: Hollywood hasta ahora lo ha ignorado porque, como decía antes, siempre nos dan el papel de malos. En ese momento, mi vacío, mi inquietud, desaparecieron. Y supe que estaba encontrando mi camino.
Fue entonces cuando creaste tu productora independiente…

En mi búsqueda conocí a gente en el medio que tenía pensamientos afines a mí… Todos estábamos sorprendido. Hasta los que después serían mis dos socios más inmediatos, hacía tiempo que tenían inquietudes como las mías de hacer cosas en el medio profundas, con un mensaje, y todas las puertas se les cerraban injustamente por ello. Yo estaba justo en eso. Quería devolver todas las cosas buenas que la vida me había regalado, todas las oportunidades que el Universo me había dado de hacer algo bueno y las había desaprovechado. Quería hacer cosas con sentido. Quería que la gente fuera a ver una película y saliera del cine con una lucecita en el corazón, con ganas de amar más y juzgar menos, inspirados…

¿Qué te dijo tu familia?

En un principio, claro, fue un cambio tan radical, que se asustaron. Cuando un día aparezco y les digo: "A partir de hoy no voy a hacer nada contra mis principios. Si el precio del cambio es que vaya a terminar trabajando en mi pueblo vendiendo tacos, esto es más digno que lo que he hecho hasta ahora. Si el día de mañana voy a casarme y tener hijos, que mis hijos estén orgullosos de su padre, y si no llega a irme bien, si quieren, que me ayuden a vender tacos en la calle" –dice riendo–. "Eso es un poco exagerado, ¿no?", me dijeron… Pero les expliqué: "Si voy a llevar una vida íntegra, voy a ser radical. No me gustan las medias tintas. O eres un hombre de palabra o no eres un hombre de palabra. Sea quien sea quien esté detrás del mejor proyecto, no voy a hacer nada que vaya contra mis principios, porque, si acepto, es venderme, y volveré a acabar viviendo una mentira".

¿Qué sientes que has aprendido más de tus padres?

Mi fe. Es un regalo que Dios me dio a través de ellos. De mi padre, la perseverancia. A respetar a los demás. Siempre me dijo: "Sé honesto en lo que hagas, nunca te rindas. De los cobardes nunca se ha escrito nada. Ve siempre hacia delante, nunca mires a nadie con desprecio. Si tienes que mirar a alguien hacia abajo, que sea sólo para tomar su mano y ayudarle si lo necesita…". En fin, unos códigos, unos principios, cosas muy simples, pero muy importantes… De mi madre aprendo a ser humilde, a ser amable. Ella me dice: "No te creas la última "cocacola" del desierto, un corazón humilde es bien recibido en todas partes…". Los dos siempre han velado antes que nada por la unidad de la familia. Siempre recuerdo cómo medio minuto después de las peleas entre mis hermanas, ahí estaban mis padres inmediatamente para hacer las paces, cuidándonos, protegiéndonos… Tuve una infancia sencilla y maravillosa.

¿Qué opinas del debate que hay abierto en México alrededor de la posible legalización del aborto?

Me siento triste, muy frustrado por lo que está pasando en México hoy en día. Creo que hay una manipulación tremenda en la información que se le está dando al pueblo mexicano. Las leyes no pueden basarse en una mentira, porque el aborto es un crimen. Es un hecho, es algo científicamente demostrado. ¿Qué nos está pasando en la sociedad? ¿Quién no lo ve? Es un holocausto terrible, en el que están muriendo "legalmente" millones de inocentes… Algo tan grave, tan profundo, que va incluso más allá de cualquier filosofía o religión.
Algunas personas piensan que la decisión de abortar corresponde a las mujeres.

Las mujeres que hagan lo que quieran con su cuerpo… Pero ¿y el bebé? ¿Qué pasa con el cuerpo del bebé, que no tiene voz y no puede defenderse? Hace cien años podía haber dudas, sólo la fe podía alcanzar a pensar que había vida desde el momento de la concepción. Pero hoy en día es algo científicamente demostrado, no hay duda. Entonces… ¿Legalizamos los asesinatos? Además, déjame que te cuente algo muy curioso… La mayoría de las mujeres que llegan hasta ahí no quieren hacerlo… Es algo totalmente antinatural. De hecho, te digo que he visitado algunas clínicas y, cuando platico con las muchachas, la mayoría de ellas sólo llegan ahí aconsejadas por hombres, casi ninguna quiere hacerlo, pero tienen miedo, están asustadas, se sienten solas y sin recursos. Hay que pensar en ayudarles, nada más. Hay que ayudarles a ver otras opciones. Ahora dice, adoptando un tono más serio –aún si cabe–, el que sí sabe lo que está haciendo es el médico. El médico, te lo digo sin complejos, le duela a quien le duela, el médico que practica abortos es un carnicero. Porque él sí estudió, el sí fue a la escuela, él sí sabe lo que hace, él hizo un juramento de defender la vida, y ahí hay vida y él la está terminando, él mete las tijeras y corta cabezas. El aborto va contra todos los principios éticos de la Medicina, y el que lo practica, lo sabe.

¿Y si fuera en las primeras semanas de gestación?

¿Antes del tercer mes sí se puede y ya el cuarto no? ¿Dónde ponen el límite? ¿Si le crecieron al bebé las pestañas o no? ¿Hasta ayer sí y hoy no?

¿Qué tal si hay peligro de que el niño nazca, por ejemplo, con el síndrome de Down?

Pues si empezamos a pensar así, en un momento volveremos al régimen de Hitler. Te mato porque no estás lo suficientemente sano. ¿Qué es eso? El valor del ser humano, de la vida, no está en que seas guapo o listo, o retrasado y cojo… ¿Quién limita dónde empieza o acaba el ser humano? No hablamos de una raza sana, hablamos de la dignidad del ser humano, de la vida… Esa es la verdadera cuestión. Lo demás es una manipulación para discutir lo que por principio es indiscutible. –Piensa unos momentos y añade:– Algunos embarazos llegan fuera del seno de una familia, o no son fruto del amor, o de una violación… Hubo un error, un error muy grave por parte de alguien. Pero para arreglar un error no se comente otro error para taparlo. No puedes hacer o sufrir algo malo y pagarlo con algo peor. Si a algo malo le sumas otra cosa mala, el resultado no va a ser nunca paz y alegría, va a ser algo peor aún. ¿Me explico?

¿Qué le dirías a una mujer que se esté planteando el aborto como solución?

Que no lo haga, que dentro de su vientre hay un bebé que se muere de ganas de tocar sus mejillas, reírse, decirle mamá y quererla con todo el alma. Que ya existe una vida que está creada para una misión. Que no es de ella, aunque venga a través de ella. Que no es justo bloquearle la visión y el camino. Que el sacrificio que va a hacer para darle esa oportunidad al bebé para que salga adelante la vida se lo va a premiar con un millón de bendiciones. Que tenga esperanza. Que si piensa que la decisión que está tomando es una puerta de salida hacia algo que ella piensa que va a ser mejor, eso es una mentira. No va a ser mejor. Y ya no sólo estoy pensando en el bebé, también estoy hablando de ella. Si yo supiera que ella iba a estar feliz…, pero no es cierto. No hay una mujer que no se haya arrepentido en algún momento de su vida después de atravesar algo así, o que se justifique, pero le haya dejado una huella en el alma para siempre. Que no está sola. Que si necesita ayuda, puede escribir a una organización que he creado para poder ayudarle. Sólo le pido que se informe, yo con gusto le ayudo. Que nos envíen un correo a vida@mantodeguadalupe.com, que con gusto le vamos a escuchar y a ayudar en lo que necesiten. Que recuerden las sabias palabras de la madre Teresa de Calcuta. Que en el aborto hay dos crímenes, el del hijo y el de la conciencia de la madre, y yo te digo, como ella, que los bebés que no quieran, te lo juro, que me los den a mí.

¿Vas a involucrarte en alguna de las manifestaciones previstas en México antes del referéndum?

Por supuesto. Se está organizando una marcha el día veintidós en el DF a la que es muy posible que me acompañe el propio Steve McEveety. Todo lo que sea con tal de ayudar. Que se legalizara el aborto en México no es ni mucho
menos digno del espíritu del pueblo mexicano.

www.hola.com/revista/mexico

viernes, 4 de mayo de 2007

Aborto, eutanasia, manifestaciones de un nuevo «terrorismo de rostro humano»

CIUDAD DEL VATICANO, martes, 24 abril 2007 (ZENIT.org).- El aborto y la eutanasia se han convertido en manifestaciones del nuevo «terrorismo de rostro humano», que junto al de los kamikazes constituye el látigo de las sociedades contemporáneas, denuncia el secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El arzobispo Angelo Amato presentó esta denuncia el pasado lunes al intervenir sobre «El problema del mal - Reflexiones filosóficas y teológicas» en el seminario mundial de los capellanes católicos y miembros de capellanías de aviación civil, que se celebra en Roma hasta el 26 de abril por iniciativa del Consejo Pontificio para los Emigrantes y los Itinerantes. «Leyendo los diarios e Internet o escuchando la televisión y la radio, cada día asistimos a una película perversa sobre el mal que es grabada en todas las partes del mundo con escenas siempre nuevas y crueles, como constatamos en el caso de las mil provocaciones del terrorismo internacional», comenzó explicando el prelado salesiano. Ahora bien, subrayó, «además del abominable terrorismo de los kamikazes, que ocupa diariamente nuestras pantallas, se da el "terrorismo del rostro humano", cotidiano y tan repugnante como el otro, que es promovido subrepticiamente por los medios de comunicación social, manipulando el lenguaje tradicional con expresiones que esconden la trágica realidad de los hechos».

Como ejemplos, mencionó el hecho de que el aborto sea llamado «interrupción voluntaria del embarazo en vez de asesinato de un ser humano indefenso» o que se haga referencia a la eutanasia como «muerte con dignidad». Ejemplos de ese «terrorismo de rostro humano», explicó, son los laboratorios en los que se «fabrica» la píldora abortiva o en los que se «manipulan los embriones humanos.

Mencionó además las decisiones de los parlamentos de las naciones «civiles», en los que se «promulgan leyes contrarias al ser humano». El mal hoy «no es sólo la acción de individuos o de grupos fáciles de señalar, sino que proviene de centrales oscuras, de laboratorios de opiniones falsas, de potencias anónimas que martillean sobre nuestras mentes con mensajes falsos, considerando ridículo y retrógrado un comportamiento según el Evangelio», siguió denunciando. «No podemos cerrar las bibliotecas del mal ni destruir sus videotecas que se reproducen como virus letales», reconoció el arzobispo, pero aclaró que los cristianos pueden fortalecerse «mediante la formación de una recta conciencia que busca y ama la verdad y el bien y que evita el mal».

domingo, 29 de abril de 2007

De los estrictos requisitos a la práctica incontrolada de la eutanasia en Holanda


Cuando se propone permitir la eutanasia, se la plantea como una solución para casos extremos, bajo control riguroso. La experiencia muestra que, si se legaliza, la práctica de la eutanasia tiende a expandirse cada vez más. Es el fenómeno llamado de la "pendiente resbaladiza", que Javier Vega Gutiérrez, profesor de Medicina legal, examina cómo se ha verificado en las tres jurisdicciones del mundo donde se autoriza la eutanasia: Holanda, Oregón (Estados Unidos) y Bélgica, en sendos estudios publicados en "Cuadernos de Bioética" (enero-abril 2007). Resumimos el relativo a Holanda, que el Dr. Vega firma junto con Íñigo Ortega.

Sobre la situación de la práctica eutanásica en Holanda existen fundamentalmente tres informes oficiales acerca de las muertes producidas en 1990, 1995 y 2001. Los resultados más relevantes se exponen en la tabla.

La metodología usada en estos informes para obtener los datos consistió en entrevistas a más de 400 profesionales sanitarios en cada año estudiado, y el análisis de una muestra representativa de 5.200-5.600 certificados de defunción.

Es importante advertir que las únicas cifras objetivamente verificables son las relativas al número total de fallecimientos y al número total de casos de eutanasia notificados. Todas las demás se basan en respuestas anónimas del personal sanitario acerca de los casos en que manifestaron estar involucrados, y se trata por tanto de estimaciones. Un último punto preliminar es que en los informes se adopta una definición reductiva de eutanasia, que en la ley holandesa significa solamente eutanasia voluntaria activa.

Cada vez más

Realizando un breve análisis de la tabla, vemos cómo casi todos los tipos de muertes relacionadas con la eutanasia han ido aumentando de un estudio al siguiente. Adoptando la definición holandesa de eutanasia como "eutanasia voluntaria activa", se produjeron 2.300 casos en 1990, 3.200 en 1995, y 3.700 en 2001.

Si se incluyen todos los casos en que los médicos pretendían explícitamente acortar la vida (tanto por acción como por omisión, con petición o sin petición de los pacientes), el total se eleva notablemente. Añadiendo por tanto los casos de suicidio asistido, los de terminación de la vida sin petición, las muertes por intensificación del tratamiento del dolor y de otros síntomas con propósito explícito de acortar la vida, y los casos de renuncia al tratamiento o retirada del mismo con la misma intención, el total de muertes intencionadas ha ido ascendiendo de unas 15.400 en 1990 a 19.700 en 1995 y 31.600 en 2001.

Sin petición del enfermo

Los casos de "terminación de la vida sin petición" del paciente han permanecido prácticamente invariables en los diferentes informes, en torno a mil. El control social es prácticamente nulo, pues los médicos no los notifican. Para el secretario de la Real Asociación Médica de Holanda, este número es un índice de que la práctica eutanásica está todavía bajo el control de los médicos. Sin embargo, que alrededor de mil enfermos mueran cada año de esta forma es inaceptable también para muchos partidarios de la legalización de la eutanasia (y no se consideran aquí otros tipos de eutanasia sin solicitud del paciente).

También la "eutanasia neonatal" se da sin prácticamente ningún control social, pues los médicos no la declaran. Se han notificado una media de 3 casos anuales entre 1996 y 2001; sin embargo, en 2001, a unos 100 de los 1.088 niños que murieron con menos de un año, los médicos les suministraron fármacos para acelerar la muerte.

En cuanto a la "sedación terminal", el informe pretende combinar la administración de medios para provocar la sedación profunda o coma y la omisión de la hidratación y la nutrición. En 8.400 casos ha sido aplicada la sedación, y en 5.500 de ellos no se ha suministrado ni alimento ni líquidos. En el 46% de los casos de sedación el fin era doble: aliviar los síntomas y acelerar la muerte, mientras que en el 54% acelerar la muerte era el fin principal. Todo esto, aunque la cesación de la vida sea más lenta, es un acto intencional de eutanasia.

Según los informes, el motivo principal por el que se solicita la eutanasia está relacionado con una grave enfermedad física, que sea origen de un "sufrimiento insoportable sin perspectivas de mejoría", o "para evitar la pérdida de dignidad" y "evitar un sufrimiento ulterior", siendo poco frecuente que se practique la eutanasia a petición a causa de una patología psiquiátrica, o por "estar cansado de vivir".

Eutanasia sin transparencia

En relación con los "cuidados paliativos", el informe señala que la mitad de los médicos encuestados no pueden juzgar su eficacia para prevenir las peticiones de eutanasia, pues no tienen un conocimiento suficiente sobre ellos, y que en Holanda la calidad de la Medicina paliativa deja aún mucho que desear. Sin duda, una oferta insuficiente de cuidados paliativos puede hacer que el paciente perciba prontamente el dolor como insoportable; sin embargo, el síntoma dolor sólo es el motivo de la solicitud en el 29% de los casos.

Con relación a las notificaciones de eutanasia por parte de los médicos, se ha confirmado en los diferentes estudios que sólo una minoría de los médicos rellena el cuestionario, y no en todos los casos en que intervienen. El número anual de notificaciones fue aumentando hasta más de 2.500 en 1998, para después empezar a disminuir y quedarse por debajo de 2.000 desde el año 2002.

El cambio de tendencia coincide con el del procedimiento de notificación, que antes se tramitaba por medio del patólogo comunal y ahora debe hacerse a la "Comisión regional de control sobre la eutanasia". Con el nuevo sistema se pretendía que los médicos comunicaran los casos de eutanasia con mayor regularidad, para hacer más transparente esta práctica; pero no se ha obtenido el fruto esperado. En 2001 los médicos evitaban el control jurídico en la mitad de los casos, y en 2003 se ha revelado que para no tener que notificar los casos de eutanasia, los médicos acudían a la denominada "sedación terminal" con intención de acabar con la vida del paciente.

Descenso en cuatro fases

A la vista de los datos, intentaremos comprobar si en Holanda se ha producido el deslizamiento por la "pendiente resbaladiza" de la eutanasia. Utilizaremos el esquema propuesto por I. Ortega ("La pendiente resbaladiza. ¿Ilusión o realidad", "Annales Theologici" 17 (2003), 107-112), que distingue cuatro fases en el deslizamiento:
A: ley que autoriza la eutanasia o el suicidio asistido si se dan tres requisitos: 1.°, plena voluntariedad; 2.°, enfermedad terminal; 3.°, padecer dolores insoportables.
B: se permite la eutanasia no voluntaria e involuntaria (pacientes en coma, recién nacidos con malformaciones, ancianos dementes o enfermos con perturbaciones mentales).
C: se permite la eutanasia o el suicidio asistido en enfermos incurables no terminales, o que no están en situación irreversible, o con enfermedades de las que se pueden curar.
D: se permite la eutanasia por motivos de sufrimiento psicológico, por pérdida de la autonomía, escasa calidad de vida, sentimiento de ser una carga económica, etc.

Cae la primera barrera

Con respecto a la primera condición exigida por la ley (voluntariedad plena en el enfermo que solicita la eutanasia), al estudiar el caso holandés se aprecia que, tanto tribunales como la Real Sociedad Médica, en casos de pacientes que sufren depresión, demencia u otra enfermedad psíquica, aceptan que se les practique la eutanasia. Aun reconociendo que la capacidad de juicio del enfermo está disminuida, consideran "cruel" aplicar los requisitos legales de forma estricta. Lo mismo ocurre con recién nacidos minusválidos o pacientes en coma, que claramente no pueden expresar su voluntad: para acabar con sus vidas basta que el doctor y/o la familia opinen que el sufrimiento es insoportable y pongan en duda la eficacia de los tratamientos.

Existen pruebas razonables provenientes de diversas investigaciones que denuncian una extensión progresiva de la eutanasia no voluntaria e involuntaria; basta pensar en el Informe Remmelink (1991) o en el Segundo Informe (1996), en el millar de eutanasias causadas sin ninguna petición del paciente.

No es fácil calcular con precisión la extensión de la eutanasia no voluntaria e involuntaria, aunque diferentes estudios coinciden en afirmar que es mayor el número de las muertes "sin petición expresa". Entre las causas se señalan tanto el deseo del médico de acabar con casos de sufrimiento extremo, convencido de que actúa en beneficio del paciente, como el considerar que hay vidas carentes de valor que no merecen la pena ser vividas, por la falta de calidad de vida.

Para cansados de vivir

El segundo requisito, la condición de enfermo terminal, no es exigido por los tribunales desde el caso Chabot, y ni siquiera la Real Sociedad de Médicos la considera importante. Ya durante el debate parlamentario, temiendo un descenso por la pendiente resbaladiza, el senador Egbert Schuurman había predicho el peligro de que "los defensores de la eutanasia irán añadiendo nuevos criterios, por ejemplo 'estar cansado de vivir'". Efectivamente, nada más acabar el debate, el propio ministro de Sanidad Els Borst, en una entrevista, se mostró partidario de la así llamada píldora de suicidio (Drion-pill) para aquellas personas mayores que estuvieran cansadas de vivir.

Otro ejemplo es el del Dr. Sutorias, que facilitó el suicidio de un anciano de 86 años que "estaba cansado de vivir", aunque gozaba de buen estado físico. Un tribunal de primera instancia dictaminó que el médico no había violado las normas sobre la eutanasia, si bien un tribunal de apelación y finalmente la Corte Suprema decidieron que fuera procesado.

Subdesarrollo de los cuidados paliativos

El último requisito ya hemos estudiado cómo se verifica: es indiferente que el dolor sea somático o psíquico, y se aplica la eutanasia a personas que la solicitan por motivos diferentes del sufrimiento.

El subdesarrollo de la Medicina paliativa en Holanda es uno de los efectos previstos en el argumento de la pendiente resbaladiza que se ha cumplido con más claridad. Cuando en 1993 se reglamentó la eutanasia, los cuidados paliativos en Holanda apenas estaban desarrollados; el Gobierno parecía más preocupado por el debate de la eutanasia que por buscar alternativas eficaces. El ministro de Sanidad del siguiente gobierno, en una carta enviada al Parlamento en 1996, reconoció una gran carencia de profesionales de asistencia paliativa, falta de coordinación y descuido de los programas de formación en este sector de la Medicina. Hasta el verano de 1997 no se produce una inversión económica sustancial del Gobierno para mejorar el desarrollo de los cuidados paliativos.

Observadores extranjeros y, cada vez más, también de la propia Holanda, atribuyen este retraso a la eutanasia, que se ha convertido en una opción sustitutiva de estos cuidados, una opción rápida, barata y definitiva del problema del sufrimiento, que ha impedido el desarrollo de alternativas.
En pacientes incapaces

Como señala Ortega, de la evolución de la eutanasia en Holanda se deduce que se ha producido un fuerte descenso por la pendiente resbaladiza a la fase B (ausencia de voluntariedad): se ha permitido la eliminación de pacientes incapaces (con depresión, dementes, enfermos psíquicos, recién nacidos minusválidos o pacientes en coma); no se han desarrollado mecanismos que puedan evitar las presiones (médicas, familiares o sociales), y existe una práctica extendida de eutanasia involuntaria que ha provocado desconfianza y deterioro de la convivencia.

La fase C, que admite varios grados, se ha cumplido en todos ellos: el primero, cuando se ha permitido la eliminación de enfermos incurables pero que no se encontraban todavía en estado terminal; el segundo, con la eutanasia de los que no están en situación irreversible; y el tercero, con la supresión de pacientes con enfermedades que se pueden curar.

En el descenso a la fase D se ha llegado a una "profundidad" considerable: de permitir la eutanasia a personas que padecían dolores intratables se ha pasado a las personas con sufrimientos psíquicos, y de aquí a los que en realidad no experimentaban dolor, sino que tenían otros motivos para acabar con sus vidas.

Pero el argumento de la pendiente resbaladiza no se limita a pronosticar que una vez dado el paso A y aceptada la eutanasia en unos pocos casos límites, se producirán B, C y D. También sostiene que las medidas preventivas que intenten impedir este deslizamiento están destinadas al fracaso y, al cabo de un tiempo, las autoridades no perseguirán a los infractores de la ley o incluso la cambiarán, permitiendo comportamientos menos restrictivos.

En Holanda, esta previsión se ha cumplido: los tribunales han eliminado varios de los límites considerados como "medidas estrictas de seguridad" introducidas por el Gobierno en 1993. El Gobierno no ha conseguido controlar la práctica, pues la mayoría de los médicos no notifican los casos de eutanasia (es irreal pretender que el médico se autodenuncie cuando no ha cumplido con las condiciones establecidas), y es incapaz de verificar que se cumplen el resto de las medidas preventivas. Por su parte, los tribunales, a juzgar por el escaso número de procesos y la cantidad irrisoria de condenas, no parecen demostrar capacidad o interés en perseguir a los infractores de la ley.

Salvaguardas inoperantes

En Holanda el descenso por la pendiente resbaladiza ha sido muy fuerte; las autoridades no han podido controlar la práctica de la eutanasia ni a los trasgresores de la ley; las precauciones establecidas legalmente han desaparecido en parte y la ley ha terminado permitiendo nuevos casos distintos de los iniciales.

También otros autores, como H. Jochemsen y J. Keown ("Voluntary euthanasia under control? Further empirical evidence from the Netherlands", "Journal of Medical Ethics" 25 (1999), 16-21), a la vista de los datos empíricos holandeses, confirman que "el paso A" (permisividad legal de la eutanasia voluntaria bajo ciertos requisitos) ha dado origen en Holanda a un fuerte descenso por la pendiente resbaladiza. Señalan que el informe de 1990 ha manifestado el fracaso de las "salvaguardas estrictas" establecidas en 1984 por los tribunales y la Real Asociación Médica holandesa, y que no se han cumplido las garantías esenciales ofrecidas por los partidarios de la eutanasia voluntaria. Estos autores señalan también que los datos del segundo informe de 1995 confirman de nuevo el descenso por la pendiente resbaladiza, y muestran que la mayoría de los casos de eutanasia, tanto con petición como sin ella, quedan sin informar y sin comprobar.

Los proponentes holandeses de la eutanasia voluntaria aseguraban que su tolerancia, sujeta a "salvaguardas", permitiría a la eutanasia quedar "expuesta a la luz pública" y ser controlada con efectividad. Sin embargo, ante el hecho indiscutible de que la mayoría de las veces no existe siquiera oportunidad de examinar los casos oficialmente, las pretensiones de regulación efectiva son vanas: la eutanasia en Holanda se está deslizando por la pendiente resbaladiza.

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